sábado, 30 de abril de 2011

Aprendiendo a cruzar la calle (Niñez) de Miguel Velasco, el Sábado, 30 de abril de 2011

“El medio mejor para hacer buenos a los niños es hacerlos felices”. Oscar Wilde.

Sigmund Freud dijo que Infancia es Destino, y es innegable, no se requiere ser psicólogo para entender que los patrones son la herencia que dejamos a nuestros hijos, niñas y niños que hoy, en este abril del Siglo XXI, deben enfrentarse a un mundo adulto cada vez más histérico y compulsivo.

Así que para hablar de infancia es necesario hablar de paternidad, porque ese tema, en este 2011 tiene un contexto muy distinto al de nuestra generación versus la de los infantes del Milenio.

Los niños del Milenio, menores entre uno y doce años, han venido a un mundo que podría reflejarse en la frase: “Antes los padres tenían muchos hijos, ahora los hijos tiene muchos padres”.

Y, ¿quiénes son estos padres de los infantes del Milenio? Varios, múltiples padres que hoy educan a nuestros niños y que van desde la vieja televisión, ahora con programación exclusiva para ellos las veinticuatro horas del día, el Internet tan educativo como destructivo puede ser si no hay guías sólidas para discernir entre lo que publica un enfermo patológico y un  sensato humano comunicando algo trascendente, la publicidad lacerante creando paradigmas de posesión y éxito cimentados en el tener para ser, y los problemas de género disolviendo el núcleo de la sociedad: la familia.

Es cierto, siempre ha existido el peligro, el Miedo a que la Bruja me Coma y los padres neuróticos, pero quizá nuca, como ahora, nuestros infantes están expuestos a un mundo donde el juicio es el pan de cada día: se enjuicia la estructura social, el orden público, el futuro y hasta las instituciones “sagradas” que antes dieron solides a las sociedades, entonces ¿qué esperamos que sean nuestros niños en un futuro? Lamentamos el comportamiento agresivo de jóvenes que matan a mansalva a sus profesores y compañeros de escuela, dedicamos horas a ejercer nuestro derecho a opinar sobre la obesidad infantil al tiempo que una inmensa mayoría de adultos se obsesiona por permanecer eternamente jóvenes, esbeltos y bellos (México es el segundo lugar en cirugías estéticas), damos nuestra opinión en juicios de valor calificando de injustos, perversos, ladrones, malvados, ineptos y más, a los políticos, policías, religiosos, jueces, maestros, doctores y otras figuras de autoridad, quines son los encargados de ofrecer protección a nuestros infantes, entonces ¿de dónde obtienen hoy los niños la seguridad que necesitan para crecer y sentirse protegidos? ¿De la amistad de sus pares? Pues tampoco, porque cada día se reducen los espacios seguros donde éstos pueden convivir fuera del colegio, así que hoy, millones de niños viven en el temor constante de observar un mundo adulto que no termina de entender cuál es su destino y por ende, el de ellos. 

Cierto, la niñez es la edad de la inocencia, pero, ¿se puede ser completamente ciego a un mundo donde mamá y papá están hablándonos mientras observan sus teléfonos o dispositivos móviles? ¿Se puede ser inocente en un mundo donde las palabras dieta, crisis, seguridad, dinero, tecnología, ajuste, asesinato y muerte son escuchadas a diario? ¿Se puede creer aún en la magia cuando mamá llora por las constantes agresiones de un padre frustrado por no tener lo que otros tiene por más que trabaja y trabaja? ¿En una casa donde la madre busca la forma de hacer todos express, cocinar o hablar con los hijos porque tiene un compromiso ya sea de trabajo, social o simplemente quiere meterse a ver que pasa en Facebook? ¿Realmente, creemos que así se puede vivir una infancia inocente y feliz?

No se trata de ser trágicos, pero si queremos enseñarle a nuestros niños a cruzar la calle sin ser arrollados en un mundo bastante desentendido de ellos por estar ensimismados en paradigmas adultos cada vez más absurdos, hay que atenderlos, ofrecerles protección y solventar su sentido de seguridad, porque si no logramos esto, estaremos generando adultos aún más hostiles, más individualistas y más engañados de que todo lo que brilla es oro: el crítico actual ya no se cuestiona analíticamente, simplemente juzga a partir de sus valores “entendidos” –o que quiere entender-, y se define.  

Así que, porque no te paras hoy de la cama y si tienes hijos menores entre uno y doce años, te tumbas a dibujar con ellos, les lees un cuento por mucha pereza que te dé, creas un mundo de amor que se practica mucho más allá del bla bla bla y el besito light, porque ojO, los menores no reconocen la buena voluntad sino los hechos, y sobre todo y todos los días, no juzgues, no critiques, deja de vivir ensimismado en tus emociones “adultas”,  no te lamentes frente a ellos por todo lo que no tienes o eres, pues no olvides, para ellos, tú, mamá, papá o tutor, eres lo que ellos serán, y si quieres niños felices atiéndelos, diviértelos, ámalos, cuídalos y deja huella en sus corazones de que vale la pena vivir. 

Nuestros hijos no son quienes deben entendernos, nosotros somos quienes debemos amarlos a pesar del cansancio, de la rutina y de los problemas de pareja, de trabajo o de dinero, para ellos que papá tenga un iPad es tan intrascendente como importante es que tenga un abrazo cariñoso.

Entonces ¿infancia es destino, o qué?

¡Feliz día niños que tiene padres que los aman! 

Saludos,


Miguel Velasco.  



   

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