martes, 7 de junio de 2011

De la Irritación Social



Hacer irritar a alguien significa conseguir que cambie su natural talante  por uno de molestia, uno que implica indignación, impaciencia, hastío, hartazgo, vamos, quiere decir que si alguien se irrita, pierde los estribos y es capaz de cometer alguna locura.

Una persona irritada es una que pierde la noción de las cosas y pierde la proporción de lo que es bueno y lo que es malo.

Cuando se logra hacer irritar a un sector de la población, ya sea porque se les ha negado un servicio público, ya porque los somete a un factor externo que los agravia o bien, porque la autoridad pública ha logrado implementar medidas que ofenden a la sociedad, estamos ante un problema de tipo social que debe atenderse.

Para ello, existe lo que los estudiosos del tema conocen como “sensibilidad social” y que el pueblo, tan sabio, reconoce como “baños de pueblo”.

Es decir, si Usted, mi querido lector, pretende llegar una mañana de domingo al campo donde la gente del pueblo practica su deporte favorito y pretende suspender el partido según porque va a explicarles los beneficios de tal o cual programa, lo único que va a lograr es que la gente se irrite, lo ofenda, lo agreda y a la larga, tal vez hasta lo persiga para lincharlo.

Si Usted tiene “sensibilidad social” se espera, de manera prudente, a que termine el encuentro deportivo y hasta hace como que lo disfruta y entonces sí, podrá conseguir la participación de la gente y todo lo que Usted quiere. Para todo hay formas.

Si Usted sabe que se necesita hacer arreglos en la plaza del pueblo, sólo si carece de “baños de pueblo” pretenderá hacerlos el día domingo, que es cuando la población va al mercado, a los servicios religiosos, a dar la vuelta al kiosco y a buscar romances. Si Usted pretende cerrar la plaza para pintar las bancas, va a obtener un número indecible de rechiflas y tal vez, hasta ofensas mayores.

Igual, si Usted es gobernante y decide cerrar una de las empresas más representativas del sistema sindical en México y al mismo tiempo pretende crear impuestos nuevos, impopulares y además, altamente ineficientes, sólo va a demostrar la falta de sensibilidad social o de baños de pueblo y lo único que va a lograr, definitivamente, es la irritación social.

Y créame, no es lo mismo que le quiten el campo deportivo a la población o la posibilidad de conseguir novios en la plaza que afectarlos donde más duele: en la bolsa.

Dicen los que saben que los golpes que más duelen son al bolsillo y pretender cargar la responsabilidad y el peso de la mala, pésima administración pública que hoy padecemos, a los que somos causantes o contribuyentes cautivos, sólo va a lograr una irritación social que ya se ha manifestado al menos en dos ocasiones: en 1810 y en 1910, con las consecuencias que todos conocemos. Y estamos a unos días de 2010.

Cambiar una situación de ser “el malo de la película” a “el héroe que todos quieren ser” es sólo cuestión de presentar las cosas de una o de otra forma. Es sólo cuestión de tener la sensibilidad política y social o los baños de pueblo necesarios para saber cuándo y cómo han de darse las órdenes. Es recordar que las órdenes lógicas son las que se obedecen, como sabiamente acota El Principito.

Tienen, el Presidente Calderón y su equipo y los partidos políticos, la oportunidad de lograr cambiar y revertir la irritación social que se palpa en el ambiente, que se siente en la calle, que se percibe en los rostros y las actitudes, por una actitud de entrega de la gente si les ofrecen lo que les hace bien y que le sirve a México: una forma lógica y moderna, de vanguardia, de cobrar impuestos. Una forma que le permita a cada mexicano la posibilidad de lograr una seguridad social que ahora no tiene y para ello, sólo se requiere voluntad política, nada más.

Lo demás, se da solo. Es cuestión de querer.

Si Usted conoce a un político, dígale que vale la pena.

Ya está propuesto. Ya está con varios políticos pero hace falta se den cuenta que la tienen. La tiene el pueblo y eso, señores, es lo que cuenta. La conocemos Usted y yo y está en la mesa. Además, está en mi blog.

Vale la pena.

Me gustaría conocer su opinión.

José Manuel Gómez Porchini.

No hay comentarios:

Publicar un comentario