martes, 1 de noviembre de 2011

La lucha de los sindicatos mexicanos. Miguel Ibrahím Martínez Reyes




En la actualidad, las prácticas de los sindicatos en México son producto de un proceso largo y complejo que lleva más de 100 años en desarrollo. A lo largo de este proceso se han formado sus particularidades y su posición distintiva en el contexto internacional.
El fenómeno del sindicalismo en este país no ha sido uno aislado, al contrario, está totalmente ligado a un conjunto de interacciones y procesos económicos, sociales y políticos bastante amplios. En este sentido, el sindicalismo mexicano es parte del sistema laboral, es la piedra angular en la que se ejecutan la mayoría de las relaciones laborales, cuyos participantes están constituidos principalmente por el capital y el trabajo, es decir, trabajadores y patrones, sindicatos y empresas.
El sistema laboral mexicano forma parte del sistema político y económico, está enganchado en conexiones de relaciones sociales que conforman al Estado. Existen diferentes y muy variados tipos de sindicalismo en el cosmos de sistemas y modelos laborales que se han venido desarrollando. Existen características únicas e incomparables del sindicalismo mexicano que no es posible encontrar en otros sistemas laborales o tipos de sindicalismos extranjeros.
Los sindicatos mexicanos tuvieron su primer encuentro con la globalización neoliberal el primero de enero de 1994 tras la firma el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).
Las condiciones y derechos de los trabajadores se han distorsionado gracias a los cambios que han ocurrido en la economía. Consecuentemente se puede observar el siguiente panorama: a la falta de democracia y libertad de los sindicatos se les ha agregado un creciente desempleo, la precarización del trabajo, carencia de prestaciones sociales, subcontratación del trabajo y la informalidad.
            Los cambios que están ocurriendo en la situación laboral demandan un mayor grado de democracia en los sindicatos. Sin perder de vista al sindicalismo original de la negociación colectiva, es necesario que se modernicen las organizaciones laborales para encarar de frente a la lucha nacional e internacional. Los problemas a los que se enfrentan los sindicatos mexicanos son diversos: el modelo económico actual, la fragmentación interna de las organizaciones sindicales y una ofensiva gubernamental.
…los primeros sindicatos en México datan del siglo XIX, su presencia cobró especial relevancia para la política mexicana en el contexto de las pugnas entre los grupos políticos beligerantes desde principios del siglo XX, poco antes, durante y después de la revolución de 1910. Desde entonces, los grupos oligárquicos lograron ponerse de acuerdo en el diseño de modelos de sindicalismo desde el poder en los que pudieran intervenir y a los que pudieran “tutelar”, en un sentido negativo y también someter mediante la fuerza, la represión y otros mecanismos que se construyeron paulatinamente. Hacer copartícipes a algunos dirigentes sindicales de dicho poder, en lo político y lo económico, fue desde entonces una pieza importante en dichos modelos (Xelhuantzi, 2006).
Las intenciones de estos grupos saltan de inmediato a la vista, está claro que desde ese entonces pretendían intervenir y controlar a las organizaciones sindicales. La sumisión del sindicalismo garantizó mayores márgenes de utilidad y de acumulación de capital tras las restricciones que se le impusieron a los sindicatos para pelear y negociar mejores alternativas de distribución de los recursos.
Por otra parte, el control del sindicalismo también permitió debilitar su autonomía y obligarlos a asociarse con los grupos oligárquicos, limitando de esta manera, cualquier posibilidad de proyectos alternos en materia de salarios, seguridad social, políticas de desarrollo y relaciones laborales.
            El carácter predominante de este sistema laboral mexicano y su sindicalismo es sin duda el corporativismo. Este concepto se caracteriza por los controles que se ejercen sobre la ciudadanía, unidades monopolistas de representación social condicionadas, adhesión forzosa de nuevos miembros a las organizaciones sindicales ya controladas por el gobierno, sistemas autoritarios verticales de organización, represión y violencia.
            El sindicalismo mexicano arribó a los años setenta, uno de los periodos más decisivos en términos de la configuración de nuevas opciones, de rupturas y de anticipación de rupturas en su interior. De hecho, fue apenas en esa década cuando volvieron a presentarse propuestas sindicales novedosas que marcaron una ruptura real y no sólo simbólica (Xelhuantzi, 2006).
Las huelgas y movilizaciones sindicales de los años setenta y ochenta fueron los agentes clave que tuvieron como consecuencia el aumento de los salarios y prestaciones de los trabajadores de entonces. Durante este periodo fue cuando empezó a haber disputas entre los nacionalistas que defendían el modelo keynesiano de gasto público y los neoliberales que defendían al neoliberalismo de gasto privado, esto provoco importantes fisuras en los grupos de elite. Durante esta misma época apareció un nuevo fenómeno denominado sindicalismo de protección:
El sindicalismo de protección puede ser visto como la mejor opción que encontraron en las últimas décadas los grupos de la oligarquía político-económica y el gobierno para combatir y neutralizar principalmente al sindicalismo autonomista y democrático que ganó presencia en los años de la insurgencia sindical (Xelhuantzi, 2006).
                Al sindicalismo de protección se le puede reconocer como otro más de los estilos sindicales que se han desarrollando en el país dentro del esquema corporativo. Proporciona a las autoridades la capacidad de registrar sindicatos, emitir tomas de nota, reconocer y desconocer sindicatos mediante procedimientos legalmente formales pero políticamente discrecionales.
            En cuanto al aspecto internacional, se han creado nuevas condiciones para explotar la fuerza laboral gracias a la globalización del capital, cuyo propósito es poner la riqueza en unas cuantas manos y países, contrastando con el crecimiento de la pobreza y la miseria de la mayoría de los trabajadores y comunidades del planeta.
Las políticas neoliberales de privatización, la liquidación del control estatal y público sobre los sectores estratégicos de la economía y la eliminación de toda forma de la supervisión de los monopolios privados han socavado el desarrollo económico y social, especialmente en los países en vías de desarrollo; han acentuado la pobreza y la desigualdad social, y desatado el desempleo masivo, el empobrecimiento y la exclusión social a escala tanto nacional como mundial (Villamar, 2006).
Esta situación ha generado una crisis sindical mundial, caracterizada por el incremento del desempleo formal, al mismo tiempo que se incrementa el empleo informal, el trabajo marginal y de mala calidad. Los niveles salariales reales se han reducido y han aparecido nuevas formas de pobreza y secciones de la población desfavorecidas: jóvenes, mujeres y ancianos. Los niveles de protección social han caído, los sistemas de pensiones se están privatizando, el número de sindicalizados disminuye, los recursos materiales de los sindicatos son menores, los derechos laborales y sindicales se ven reducidos.
            Los trabajadores del mundo y sus formaciones sindicales hacen frente a este reto para tratar de paralizar a esta maliciosa dinámica del capitalismo monopolista y evitar que aumenté la brecha que separa a la clase que posee el control del capital de la clase asalariada, además de la descontinuación de la creación de condiciones que propician el desempleo y los bajos salarios.
La mayor parte de la fuerza laboral del planeta se encuentra ubicada en países subdesarrollados, las condiciones únicas de cada nación determina las diferentes formas de organización sindical; por lo que es imposible contar con un modelo único de desarrollo sindical, cada situación nacional especifica requiere de ajustes específicos, es por este principio que los sindicatos deben de tener su propia forma de acordar condiciones y ambiciones.
Con el fin de enfrentar los retos que implica vivir en un mundo con políticas neoliberales que tienden a desarrollar la concentración del poder económico y político, es necesario crear y desarrollar un contrapoder sindical internacional. Para ello deberá vincularse con otros movimientos sociales y retomar sus demandas en una agenda social que fortalezca la movilización y reconstruya la solidaridad entre los trabajadores, los trabajadores y la sociedad. Ésta será la única forma de revertir la lógica actual de la mundialización (Villamar, 2006).
Habiendo expuesto los anteriores argumentos y sin nada más que agregar se procede a hacer las siguientes conclusiones:
El fenómeno de la globalización esta modificando con gran rapidez la distribución de las áreas industriales en todo el planeta, el papel de los países y sus relaciones económicas internacionales, también está modificando a las clases sociales. El principal impulsor de todos estos cambios es el capital monetario, sus medios y las sociedades multinacionales, que propician un crecimiento que no está al alcance de la mayoría de la población planetaria.
La globalización esta mudando el trabajo productivo de los países de primer mundo hacia nuevas áreas. Países denominados de tercer mundo,  en donde es posible una reducción en los costos de producción debido a que la mano de obra es más barata.
En un país como México en donde se cuestiona su viabilidad a causa de la gran desigualdad social, instituciones autoritarias menoscabadas y la paralización económica, parece difícil identificar cuáles son los retos primarios que enfrenta el sindicalismo en el país. Los bajos salarios, los frágiles incentivos institucionales para el desempeño económico, el desempleo y la debilidad de los derechos de los trabajadores exigen un cambio en la agenda laboral hacia un camino más democrático en México.
Para que se de este proceso de mejora laboral es necesario que ocurran transformaciones en las instituciones públicas de trabajo, eliminar la sobre-intervención del gobierno en los sindicatos y sus relaciones obrero-patrón. Se necesita una reforma en las instituciones actuales y la creación de nuevas instituciones del trabajo para de esta manera permitir la existencia de una verdadera autonomía en los sindicatos.
Estas nuevas políticas laborales además de considerar, deben a atender al problema de los bajos salarios y el desempleo, pues son estos dos lo que amenazan la sustentabilidad económico del país.
La preparación de los sindicatos mexicanos es de vital importancia para hacer frente a la amenaza de reformas oportunistas que se oponen a los derechos ya conquistados por ellos a lo largo de la historia de este país. La autonomía y la libertad sindical son principios esenciales para reconfigurar al sindicalismo mexicano y hacer que desempeñe el papel de avanzada que le corresponde.


Referencias:
Mendez, L. (2009). 25 años de sindicalismo en México. un balance pesimista .El Cotidiano, 24(156), 149-149-168. Retrieved from http://search.proquest.com/docview/ 748428857?accountid=11643
Villamar, V. (2006). Pasado y presente del sindicalismo internacional. Los sindicatos en la encrucijada del siglo XXI. Friedrich Ebert Stiftung p.p. 107-157
Xelhuantzi, M. (2006). El sindicalismo mexicano contemporáneo. Los sindicatos en la encrucijada del siglo XXI. Friedrich Ebert Stiftung p.p. 13-37


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