domingo, 26 de abril de 2015

La educación y la vida laboral. Lic. Gustavo Silva Dávila




Prefacio:
Dentro de mi poca experiencia laboral he tenido la oportunidad de colaborar en diferentes áreas, tanto de la industria, sector público y ahora en la educación de nuestros jóvenes a nivel preparatoria.

Es frustrante ver como a ellos se les complica hacer un escrito de dos cuartillas referente a algún tema visto en clase. Recaen en la redundancia con la finalidad de completar el cometido de longitud del texto. Se utilizan las mismas palabras infinidad de veces, casi es nulo el conocimiento de la forma adecuada de utilización de los signos de puntuación y algo aún más preocupante es que no saben expresar de forma idónea sus ideas.  

Ya ni hablar de la falta de interés que presentan en su propia educación, donde esperan que el maestro o docente les solucionen la vida y les den todas las herramientas para hacer sus actividades, en palabras coloquiales lo resumiría en “no quieren batallar e ir a la deriva”. No todos recaen en este supuesto, pero si son los más.

Es preocupante lo que sucederá en un futuro cuando ellos se integren al mercado laboral cada vez más exigente que solicita personas con multihabilidades y ellos están acostumbrados a una forma de trabajo donde no se les exige.

Además de otro problema que se puede vislumbrar es el derivado de la capacitación. El sector de la industria ha delegado a las universidades la responsabilidad de “capacitar”, cuando la función de la escuela es formativa y las empresas deberían formar a su personal con las capacidades que ellos requieren. Al momento del reclutamiento y selección se piden una serie de habilidades y conocimientos que para la gente de recién egreso es complicado adquirir, además lamentablemente son pocas las empresas que le apuestan a la formación de su personal y establecimiento de un plan carrera.

Con esta breve exposición de motivos me gustaría dar inicio a este breve ensayo sobre educación y la vida laboral.

Desarrollo
Como manera de preámbulo me gustaría iniciar con el análisis de un concepto que podemos encontrar nosotros sobre educación donde nos habla sobre capacidades tanto físicas como cognitivas.

Se llama educación al proceso mediante el cual se afecta a una persona, estimulándola para que desarrolle sus capacidades cognitivas y físicas para poder integrarse plenamente en la sociedad que la rodea. Por consiguiente, debe distinguirse entre los conceptos de educación (estímulo de una persona hacia otra) y aprendizaje, que en realidad es la posibilidad subjetiva de incorporación de nuevos conocimientos para su aplicación posterior.

No solo se le debe de dar capacidades físicas y cognitivas al individuo para que se incorpore a la sociedad, sino también al mundo laboral, ya que es un fenómeno que sucederá de manera indiscutible.

Pero en nuestro país el problema va más profundo, bien sabemos que esta educación está consagrada como un derecho humano en nuestra propia Constitución Política en su artículo 3°.  Le impone al Estado la obligación de proveer educación, pero además, ésta debe de ser de calidad. Es entonces donde vislumbramos que la brecha se empieza a ensanchar, vemos maestros que se olvidan que su objetivo principal es prepararse para brindar dicho servicio con calidad, y están más preocupados en hacer revueltas por modificaciones en sus condiciones de trabajo. A la larga esto nos afectará a todos como nación. 

Remontándonos a la historia de la educación vemos que originalmente se dio para preparar a los individuos a sobrevivir. Se les enseñaba sobre los oficios de la caza, labores del campo, pesca y diversos oficios que se fueron dando en los primeros años de nuestra historia.

Pero la relación entre trabajo-educación se fueron haciendo más complejas y se necesitó mano de obra cada vez más especializada. Inés Dussel y Myriam Southwell, en su escrito “Saberes y trabajos: miradas sobre una relación compleja”, nos dan una idea de cómo se fue dando esta relación.

Pero también hay saberes del mundo del trabajo más complejos y que exigen un tipo de transmisión más especializada. En la historia de la educación, entre los primeros que lo entendieron estuvieron los artesanos medievales, por ejemplo los tapiceros, cristaleros, perfumistas o ebanistas. Todos ellos organizaron sistemas de aprendizaje que llegaban a durar diez años, en los que el maestro artesano se comprometía, muchas veces mediante contratos escritos, a enseñarle al aprendiz ciertos conocimientos específicos para que adquiriera el dominio de su arte. Aunque no había un plan de estudios fijo, la formación se organizaba en pasos determinados; y la “graduación” se obtenía cuando se llegaba a una maestría en el ejercicio de su trabajo, determinada en una evaluación de los artesanos reconocidos del gremio.

Entonces esa complejidad entre trabajo-educación se ha estado gestando durante toda nuestra historia. Encontramos que se crearon siglos después Universidades donde lo que importaba era el desarrollo académico de los individuos y adquisición de conocimientos. Esto cambió con la llegada de la llamada revolución industrial. Estudiosos como Taylor y Fayol comenzaron a hablar sobre la optimización de la producción y la necesidad de mano de obra especializada.

En mi opinión, basada en lo que he podido observar en el campo laboral, el sector industrial le deja casi el cien por ciento de la preparación del individuo a las escuelas, deslindándose de esta responsabilidad. Solicitando mando de obra cada vez más calificada obligando a las universidades a mover sus planes de estudios hacia habilidades técnicas; dejando de lado la formación ética, social, valores, lógica y demás de ese ramo del pensamiento. Tenemos gente muy preparada laboralmente, pero, con una pobre instrucción personal.

Es por eso que vemos jóvenes que no saben escribir, no pueden plasmar ideas de forma idónea, poco conocimiento de signos de puntuación, ortografía y con poco criterio, sin motivación alguna más que redes sociales y medios electrónicos.

Sin afán de desviarme del tema, me gustaría hacer referencia a un artículo que encontré, habla de los 10 puntos que hacen a Finlandia una de las mejores educaciones del mundo:

1 Los docentes son profesionales valorados. La educación es una profesión con prestigio y los profesores tienen gran autoridad en la escuela y en la sociedad. El equivalente a Magisterio en Finlandia es una titulación complicada, exigente y larga, que además incluye entrevistas personales, por lo que los maestros son profesionales muy bien preparados y vocacionales.  

2 La educación es gratuita y, por lo tanto, accesible a todos. El sistema educativo público establece que la educación es obligatoria y gratuita entre los 7 y los 16 años y debe ser impartida por centros públicos. Tampoco se paga por los libros ni por el material escolar, y todos los niños reciben una comida caliente al día en el colegio, también gratuita. En el caso de que el niño viva a más de 5 kilómetros del centro escolar, el municipio debe organizar y pagar el transporte.

3 El reparto del dinero público se hace de forma equitativa. Los fondos estatales se reparten de forma justa entre los centros. Hay una base de subvención común para todos pero la cifra final varía atendiendo a las necesidades de cada uno, de manera que se compense a aquellos con más carencias para equipararlos al resto. La igualdad de oportunidades es un valor esencial.

4 El currículo es común pero los centros se organizan. Cada escuela y sus profesores diseñan y organizan el currículo (aunque tiene unas líneas generales y un marco común para todos) y se planifican para conseguir los logros establecidos como mejor consideren.

5 La educación se personaliza. Desde los primeros cursos se interviene para apoyar a los alumnos con necesidades especiales, con lo que se evita que sus dificultades aumenten con los años y se minimizan los porcentajes de fracaso escolar. Se respeta el ritmo de aprendizaje de cada niño y se huye de las pruebas y actividades estandarizadas. Además, los profesores suelen ocuparse del mismo grupo desde 1.º (7 años) hasta 6.º (12 años), lo que ayuda a que los conozcan mucho mejor.

6 Los alumnos tienen tiempo para todo. La educación se toma en serio pero también se da importancia al juego y al descanso. Los niños no comienzan el colegio hasta los 7 años, momento en el que se les considera maduros para aprender. Además, las jornadas lectivas son más cortas. Los estudiantes de Primaria tienen solo 3 o 4 clases al día, con descansos de 15 minutos entre cada una de ellas a los que se suma el descanso para comer. Apenas hay deberes, el trabajo se hace en clase, no en casa.

7 Preparar la clase es parte de la jornada laboral. Los profesores no imparten tantas horas de clase como en otros países, sino que el tiempo que pasan en el aula es más reducido y destinan las horas restantes a preparar sus lecciones, investigar, organizarse o trabajar de forma colaborativa con otros docentes.

8 Se evita la competencia y las cifras. Los estudiantes no hacen exámenes ni reciben calificaciones hasta 5.º curso (11 años) y los informes que el profesor elabora para los padres son descriptivos, no numéricos.

9 Se premia la curiosidad y la participación. La imaginación y la capacidad de emprendimiento son muy apreciadas en la sociedad finlandesa, abundan los profesionales de campos artísticos y creativos y también los de tecnología e ingeniería. Esto también se fomenta en la educación, donde se valora la creatividad, la experimentación y la colaboración por encima de la memorización y las lecciones magistrales.

10 Los padres se implican. La sociedad y las familias consideran que la educación es fundamental y la complementan con actividades culturales. A esto contribuyen las ayudas que reciben los padres para la conciliación de la vida laboral y familiar, para que dispongan de más tiempo con sus hijos.

Otro punto que me parece de suma importancia es la capacitación de los empleados, que puede ser tomada como la educación dentro de la industria para el mejor desempeño de nuestras labores.

Se puede definir a la capacitación como un conjunto de actividades didácticas orientadas a suplir las necesidades de la empresa y que se orientan hacia una ampliación de los conocimientos, habilidades y aptitudes de los empleados la cual les permitirá desarrollar sus actividades de manera eficiente.

En pocas palabras, capacitar implica proporcionarle al trabajador las habilidades y conocimientos que lo hagan más apto y diestro en la ejecución de su propio trabajo. Esos conocimientos pueden ser de varios tipos y pueden enfocarse a diversos fines individuales y organizacionales.

Como gente que se encuentra inmersa en el mundo laboral, nosotros tenemos que apostar en el desarrollo de nuestra gente. No como una imposición en la Ley Federal del Trabajo, si no como un área de oportunidad muy grande. Cuanto más capacitada esté nuestra gente mayor calidad tendrían nuestros productos y la satisfacción del cliente será mejor.

Y esa capacitación no es solo para el sector de la industria, debe extenderse al sector público, educativo y todo aquel donde se brinde un servicio. Entendiendo al cliente, no como quien compra lo que producimos o hacemos, si no las personas que son beneficiarias directa o indirectamente de nuestro trabajo.

Conclusión:
El reto en cuanto a educación, como he sostenido en diversos escritos, es muy grande. En el presente trabajo dejé de lado que la educación se recibe desde nuestros hogares. En la actualidad en nuestro país el núcleo familiar está muy desintegrado y la inculcación de valores una vez más se la dejamos a la escuela.

Nosotros como mexicanos debemos de ayudar a la formación de nuestros hijos, sobrinos, nietos, inclusive nosotros mismos. Teniendo un mejor país en cuestiones educativas la calidad de vida aumentará, nuestra mano de obra será mejor, produciremos productos de mejor calidad, se elevará nuestra productividad, tendremos mayores empleos, las tazas delictivas disminuirán, ya no se hablará de Estado fallido y así podría seguir enlistando los beneficios.

Tenemos que voltear a ver el sistema educativo finlandés, donde existe colaboración de todos los sectores. Les tomó cerca de 25 años llevarlo a lo que es hoy.

Entre más aprendo más ignorante me vuelvo.


lunes, 23 de febrero de 2015

Explicó a varios que se pueden introducir en la Carta Magna el derecho al ahorro y a la seguridad social como garantías individuales. José Manuel Gómez Porchini

Por: José Manuel Gómez Porchini, Jueves, 31 de Mayo de 2007


El pasado miércoles recibí un mensaje electrónico de la Dirección de Agenda de la Presidencia de la República, invitándome a la Ceremonia de Presentación del Proyecto Visión 2030: El México que queremos, por el C. Presidente de la República, a celebrarse el día 21 de mayo del 2007 en la Ciudad de México, a las ocho horas con treinta minutos.

Por supuesto, escribí contestando el correo y solicitando, eso sí, de manera muy amable, me confirmaran si era un mensaje a mi nombre o si era parte de un envío masivo. Solicité me confirmaran vía electrónica o a mi celular.

Lo olvidé, hasta que el jueves 17, recibí una llamada, personalmente, del C. Director, para confirmar que sí era requerida mi presencia. Quiero decirle, sólo a Usted, que la alegría que me embargó, cuando colgué el teléfono celular, fue mayúscula. Tanto, que quien me acompañaba y a quien le he contado mis esfuerzos, preguntó asustado: –Licenciado, ¿qué le pasó?-.

Le conté todo, el correo, mi respuesta, la llamada y entonces me dijo las palabras que he venido escuchando desde hace tiempo: -Ojalá se haga realidad el proyecto-. Aún no encuentro otro motivo para la invitación, que el que alguien haya visto la tesis sobre seguridad social que Usted conoce y que he tratado de hacer valer.

Por supuesto, confirmé mi asistencia al Alcázar del Castillo de Chapultepec. Llegué a mi lugar de trabajo, a solicitar el permiso mediante el día económico correspondiente, pues no es cosa de dejar de atender una solicitud de la oficina del C. Presidente de la República.

Empezaron los trámites y los nervios. Mi esposa, a localizar vuelos, hotel, etc. Mis hijos y yo, a terminar los trabajos que habríamos de hacer para el fin de semana. En la oficina, a dejar en paz y en orden mis asuntos, para cumplir con lo establecido.

Viajé a la Ciudad de México. Preciosa, como siempre. Lástima que tenga tantos habitantes. Acababa de llover, el piso parecía regado; la gente, jovial, amable y hasta podría decirse, dispuesta a hacer amigos. Toda vez que la invitación claramente señalaba que la hora de reunión sería a las ocho y media de la mañana, y que solicitaban la presencia de los invitados con ciento veinte minutos de anticipación, tomé las providencias del caso, pues he tratado, desde siempre, como lo aprendí, a ser respetuoso de los tiempos de los demás y a llegar a tiempo.

Total, llegué al Castillo. El despliegue de las medidas de seguridad, impresionantes: identificación en mano; listas de invitados, revisándolas dos o más veces; arcos de seguridad, también dos veces, etc. Presentes, el gabinete en pleno y además, el ampliado. Usted ya ha de haber visto la noticia en prensa y televisión.

También presentes, los líderes de los partidos políticos, los presidentes de los organismos cúpula en México, investigadores, académicos, empresarios y quien escribe. Traté de ubicarme en un punto estratégico, pues llegar a tiempo ayuda a conseguir mejor lugar. Me senté en la segunda fila, exactamente atrás de quienes han de ser los interlocutores válidos de la propuesta.

Por Usted, por México y atendiendo a las palabras del C. Presidente Felipe Calderón Hinojosa, que ha venido manejando en el sentido de que debemos unir esfuerzos para construir el México que queremos, mi tema de conversación fue la propuesta de seguridad social que hemos venido comentando.

Le expliqué, a todos los que tuve a mi alcance, que se pueden introducir en la Carta Magna el derecho al ahorro y a la seguridad social como garantías individuales, lo que serviría para que, mediante el uso de tarjetas deslizables, cada uno que tuviera C.U.R.P., podría tener una cuenta de ahorros en la que se depositara el equivalente a uno, dos o más puntos del I.V.A, para garantizar pensiones. Usted ya conoce la propuesta.

Les gustó la idea. Lo entendieron y me pidieron la hiciera llegar por escrito. Hubo intercambio de tarjetas con funcionarios del más alto nivel. No había de otros. Algún ayudante, discreto, tomó mi tarjeta y me entregó la de su superior, para efecto de ponernos en contacto.

Me entrevisté también, con los presidentes de diversos organismos de carácter privado, pero que son de los que siempre tienen intervención en la sociedad. Igual, hice valer mi propuesta.

A las ocho y media, exactas, llegó el C. Presidente Calderón. Para entonces, ya estaba todo dispuesto. El acto empezó puntual, muy puntual. Creo que es un principio de orden que deberían seguir sus subalternos, aquellos que pagamos Usted y yo con nuestros impuestos y que creen que se merecen la gloria sólo por existir. Imagínese: el día, apenas despuntando. La mañana, fresca. El Alcázar del Castillo de Chapultepec, majestuoso. Empezó el Maestro de Ceremonias y pidió a los presentes entonar el Himno Nacional. El silencio, impresionante. Todos, empezamos a cantar con gran emoción. Vale la pena estar en un acto así de solemne.

Una vez que concluyó el Himno Nacional, empezó la explicación del C. Presidente Calderón. No me atrevo a repetir las cifras y datos que él manejara, pues aquello es digno de un estudio muy a conciencia. Sólo le puedo decir, que el México que plantea, es aquél que deberíamos tener, en el que deberíamos estar.

Concluyó el evento y el C. Presidente fue a despedirse de mano de quienes estaban en las primeras filas. Me tocó saludarlo. Créame, encarna al Poder Ejecutivo y se siente. Terminó. Nos retiramos apenas pasadas las nueve cuarenta horas de la mañana de aquél lunes que dejara en mí, una impresión perdurable.

Salí del Castillo de Chapultepec al Paseo de la Reforma. Qué impresionante avenida. Qué hermosa es. Ojalá tenga Usted oportunidad de recorrerla. Creo que ese es el México que queremos, por el que estamos luchando: uno grande, fuerte, poderoso, con cimientos de acero, alma de guerrero y corazón de hermano.

Créame, México debe salir adelante. Tiene todo para hacerlo. Sólo es cuestión de que Usted y yo hagamos la parte que nos corresponde. Lo demás, viene solo, por añadidura.

Lo único que yo le pido, es que haga llegar su sentir a su diputado, a su senador.

Me gustaría conocer su opinión.

Vale la pena.

Comentarios: josegomezporchini@yahoo.com 





Seguridad Pública en una ciudad de clase mundial

Hace escasos 32 años, cuando llegué a estudiar a la Universidad Autónoma de Nuevo León mi carrera de abogado, tuve oportunidad de conocer San Pedro Garza García y entonces y aún ahora, me sigue sorprendiendo que existan en nuestro México santos con apellidos.

Recuerdo que salíamos a dar la vuelta al "Centrito", que si bien ahora sigue siendo un lugar muy agradable, ya no cuenta con las diversiones que yo estaba acostumbrado a buscar.

Tal vez sea yo el que ya no encuentre diversión, pues los muchachos se siguen reuniendo ahí mismo y en otros sitios y al parecer, sí se divierten.

También recuerdo Chipinque, donde podíamos hacer carnes asadas y tomar unas cervezas sin incurrir en falta alguna, pues ello no estaba reglamentado.

Ahora, han cambiado los tiempos y existe reglamentación para todo. He comentado con Usted, querido lector, que el primer contacto del ciudadano con el gobierno, sea cual fuere su calidad, es el policía de a pie, tan vilipendiado desde siempre y que sin embargo, también es el primer contacto de la autoridad con el hampa.

Sin embargo, acabo de escuchar a su Alcalde, el Lic. Fernando Margáin Berlanga, hombre afable, presto al diálogo, dispuesto a escuchar, tratando de explicar la razón que ha mantenido a este municipio de Nuevo León, como punta de lanza del país.

Básicamente, hizo valer ante los socios de Vertebra, A.C., a donde acudí invitado por su Presidente Estatal, Lic. Ervey Cuéllar Adame, los logros y las promesas que existen en su municipio en cuanto al problema de la Seguridad Pública.

Cuando llegan los investigadores, esos que se sienten "Rambos", es por que el delincuente ya escapó, ya huyó, ya sólo quedan algunas pistas y sí, es válido que efectúen estudios científicos para encontrarlos y que bueno si lo logran.

Pero el que estuvo a la hora de los balazos, el que oyó gritar a los heridos, el que ayuda a bien morir a las víctimas, el que ayuda a nacer a un bebé en plena calle, es el policía de a pie.

Cierto, de repente algunos de esos policías encuentran que su futuro no les depara expectativa alguna y deciden cambiar de bando.

Al cabo ya están preparados, ya saben disparar, conocen el sistema desde adentro y creen que será fácil.

Sin embargo, como en el arroz, que a pesar de que existan cientos de granitos blancos, el que se nota es el prietito, el negrito en el arroz, así será siempre en la policía.

El que se da a notar es el que incurre en yerro, no los cientos que cumplen su jornada a diario de manera apegada a un recto proceder, que cubren jornadas de doce horas o más, por cierto, prohibidas por la ley, los cientos de policías que salen de su casa sin saber si habrán de regresar, cubiertos por unos chalecos que no resisten las balas de primer mundo de los malos pero también cubiertos por el amor de sus familias, que más de una vez han sido suficientes para mantenerlos sanos y salvos.

Hizo un comentario el Lic. Margáin: que él ha visto que cuando los policías salen de su casa, cuando se despiden de sus familias para ir a trabajar, les lloran.

Y volteó a ver a los presentes e inquirió: ¿A cuántos de Ustedes les lloran cuando se van a trabajar? Creo que nadie levantó la mano.

Creo que más de uno, dijo que al contrario, cuando sale de casa hacen fiesta. Sin embargo, a esos mismos policías se les exige que cumplan con todas las normas del mundo sin cubrirles los salarios que deberían de percibir.

A esos mismos policías, los bancos y banqueros, que de ellos habremos de ocuparnos aparte, les niegan acceso a créditos, pues su actividad es riesgosa y no van a cumplir.

A esos policías, comentó el Alcalde, les ha proporcionado los medios para poder hacerse de vivienda como marca la Constitución y que debería de de ser una constante para todos los mexicanos: digna y decorosa.

A la policía de San Pedro Garza García, la ha dotado de vehículos nuevos, de armamento igual o mejor que el de los malos, de equipos de cómputo y de la capacitación necesaria para usarlos, que les permitan conocer al momento, en tiempo real, lo que está sucediendo en las llamadas de auxilio, les ha brindado espacios para convivir con sus familias y también, les ha impartido cursos motivacionales para hacerles ver el valor de su actividad.

Ha reunido a la familia del policía, entendiendo que la mística de trabajo a imbuir, ha de ser de tal modo que el efectivo sienta que en su desempeño laboral, está de por medio la seguridad y tranquilidad de su propia familia, que si colaboran a favor de lograr paz y tranquilidad en su municipio, esa paz habrá de reflejarse en el seno familiar.

También, hizo saber el Alcalde que ha venido construyendo centros recreativos, espacios para los jóvenes, que les permitan desfogar la enorme, inmensa vitalidad que les llena y que no tienen cauce apropiado para liberarla.

Comentó ante los socios e invitados de Vertebra, A. C., que está pugnando por impartir clases de guitarra, de artes marciales, de deportes en general, para impedir que la energía que les sobra a los jóvenes, se pierda en cuestiones ajenas a una buena conducta.

Además, un hombre que cree en valores de familia y que en su toma de posesión dijo, citando a su padre: "Creo en el hombre y en su capacidad para realizar la justicia y el derecho; creo en los inmutables valores del espíritu como esencia y norma de nuestra propia existencia", debe ser un buen hombre.

Por México, creo que vale la pena observarlo. 

Me gustaría conocer su opinión. 

José Manuel Gómez Porchini. 

Monterrey, N.L., marzo de 2008. 

Comentarios: jmgomezporchini@gmail.com 

Mexicano. Abogado. Egresado de la Universidad Autónoma de Nuevo León.

















sábado, 21 de febrero de 2015

El Sindicalismo en México. Oscar González Flores



         El derecho laboral ha sido una de las ramas del derecho más importantes en el México contemporáneo, al grado que las malas condiciones laborales con las que se trabajaba a principios del siglo XX, entre otros motivos, detonaron la revolución mexicana.

         De acuerdo con la Real Academia de la Lengua Española (RAE) en su diccionario en línea, el sindicato se puede definir como una “asociación de trabajadores constituida para la defensa y promoción de intereses profesionales, económicos o sociales de sus miembros”[1]. Definición utilizada de manera general en los países de habla hispana y procedente del diccionario usual de la RAE.

La palabra sindicato proviene del antiguo griego “syndikos[2] y esta se compone de tres elementos importantes; el prefijo “syn” que significa con, el verbo “dikein” que significa hacer justicia y el sufijo “ico” que significa relativo. Al unir nuevamente estos tres elementos podemos entender que el antiguo significado de la palabra sindicato se refiere a lo relativo a unirse para hacer justicia.

Dentro de las garantías individuales reconocidas en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos se puede observar la libertad de asociación. El artículo 9º de la Carta Magna de la nación nos indica:
“Artículo 9o. No se podrá coartar el derecho de asociarse o reunirse pacíficamente con cualquier objeto lícito; pero solamente los ciudadanos de la República podrán hacerlo para tomar parte en los asuntos políticos del país. Ninguna reunión armada, tiene derecho de deliberar.
No se considerará ilegal, y no podrá ser disuelta una asamblea o reunión que tenga por objeto hacer una petición o presentar una protesta por algún acto, a una autoridad, si no se profieren injurias contra ésta, ni se hiciere uso de violencias o amenazas para intimidarla u obligarla a resolver en el sentido que se desee”[3]

         La libertad de asociación en México da pie a la creación de grupos que buscan la equidad en todos los ámbitos. La Constitución misma en su artículo 123, apartado A, fracción XVI menciona que “Tanto los obreros como los empresarios tendrán derecho para coaligarse en defensa de sus respectivos intereses, formando sindicatos, asociaciones profesionales…”[4]. Aquí se encuentra la relación entre el uso de la palabra sindicato en México y sus raíces etimológicas.

         Se le denomina sindicato, de acuerdo a legislación mexicana, a un grupo de trabajadores o patrones que se constituye para poder estudiar, mejorar y defender sus respectivos intereses. Entonces existen sindicatos de trabajadores y sindicatos de patrones que buscan mejorar las situaciones de trabajo en las que se encuentran. De acuerdo a lo establecido en el artículo 363[5] de la Ley Federal de Trabajo, se necesitan mínimo 20 trabajadores o 3 patrones para formar un sindicato.

         En México se obligaba a los trabajadores a laborar jornadas inhumanas de más de 15 horas, se les pagaba poco por su esfuerzo y no contaban con alguna herramienta de defensa ante los patrones. Esto fue convirtiéndose en constante para la clase obrera mexicana, en donde cada día se veían peores condiciones de trabajo.

         Al paso del tiempo los trabajadores sintieron que verdaderamente merecían más de lo que estaban ganando y debían laborar menos horas para crear un balance entre el trabajo y la vida diaria. Así que iniciaron con paros laborales para poder hacer exigir estas peticiones.

 Los trabajadores sentían que el presidente Díaz no escuchaba sus reclamos y simplemente apoyaba a las clases altas a mantener ese estado económico sin importarle los obreros mexicanos. Estos factores hicieron que los trabajadores de México se unieran a las causas revolucionarias para poder tener un mejor país.

         Después de la revolución, en 1931, se expidió la primera Ley Federal del Trabajo en donde se obtenían grandes beneficios para los trabajadores del país, ya con una Junta Federal de Conciliación y Arbitraje y un Departamento del Trabajo incorporado a la Secretaría de Gobernación.[6]

Si bien los sindicatos han logrado cosas extraordinarias en favor de los trabajadores actuales, muchas personas consideran que los sindicatos son entes desalmados que únicamente velan por sus intereses personales sin importarles los demás.

Los sindicatos en México han tenido episodios lamentables como lo sucedido en el Sindicato Nacional de Trabajadores Mineros, Metalúrgicos y Similares de la República Mexicana, donde Napoleón Gómez Urrutia se ostentó como dueño del sindicato y trataba a sus compañeros sindicales como trabajadores de segunda. El Secretario General del Sindicato recibió 55 millones de dólares de Grupo Minero México por la privatización de dos mineras en el norte del país, y nunca más se supo de él.[7]

El PEMEXgate fue otro de los escándalos más importantes en materia sindical. El presidente del Sindicato de Trabajadores de Petróleos de la República, Carlos Romero Deschamps, fue acusado de desviar fondos del sindicato para apoyar a Labastida, quien fuera candidato del PRI para la presidencia de la república en el año 2000. Se habla de cifras alrededor de 500 millones de pesos que fueron destinados a la campaña del candidato tricolor.[8]

Un caso más reciente se suscitó en el 2012 cuando Felipe Calderón Hinojosa decidió dar por terminadas las actividades de Luz y Fuerza del Centro, quienes después de haber gastado millones en nuevas oficinas y centros deportivos, además de varios carros de último modelo a sus trabajadores de confianza, se declaró en bancarrota. El Sindicato Mexicano de Electricistas tomó las calles de la Ciudad de México en protesta por lo sucedido y exigió la restitución del organismo disuelto.

Siendo cierto que los sindicatos sirven como medio de presión a los patrones para que estos cumplan con las normas establecidas por la Ley Federal del Trabajo y se les den prestaciones diferentes a las de la ley puedan tener una vida digna, hay que entender que en los últimos años se ha hecho un mal uso del poder de huelga.

Mientras que unos sindicatos verdaderamente pelean por equidad y respeto para los trabajadores, otros se emplazan a huelga por simples exigencias de interés personal de los líderes sindicales que no permiten el desarrollo de México.

Se reconoce el derecho que tienen los trabajadores mexicanos para la creación de sindicatos y los beneficios que estos han traído para los mismos a lo largo de la historia. Pero también se tiene que reconocer que muchas veces los sindicatos abusan de su poder y las personas encargadas de estos, velan por intereses ajenos a los de la colectividad que los eligió para representarlos.

         Al concentrar tanto poder en un solo Secretario, estos se pueden llegar a corromper e intentar aprovechar, para fines personales, las cuentas del sindicato o no preocuparles lo que necesiten los trabajadores que pertenecen a su sindicato.

         Los sindicatos en México son de mucha ayuda para hacer valer derechos de los trabajadores, y para que no soporten condiciones no favorables que los pongan en peligro. Pero se debe tener un equilibrio de fuerzas, porque todo puede ser dañino si se usa de la manera equivocada.





[1] Información recuperada el día 10 de febrero del 2015 de la Real Academia de la Lengua Española en su sitio web. http://lema.rae.es/drae/srv/search?key=sindicato

[2] Información recuperada y traducida el día 10 de febrero de 2015 del Diccionario Etimológico en línea vía web. http://www.etymonline.com/index.php?term=syndic
 
[3] Información extraída el día 10 de febrero del 2015 del artículo 9 la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos del sitio de Diputados vía web. http://www.diputados.gob.mx/LeyesBiblio/pdf/1_07jul14.pdf

[4] Información extraída el día 10 de febrero del 2015 del artículo 123 la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos del sitio de Diputados vía web. http://www.diputados.gob.mx/LeyesBiblio/pdf/1_07jul14.pdf

[5] Información extraída el día 10 de febrero del 2015 del artículo 363 de la Ley Federal del Trabajo del sitio web de Diputados. < http://www.diputados.gob.mx/LeyesBiblio/pdf/125.pdf>

[6] Información recuperada el día 10 de febrero del 2015 de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social en su sitio web. < http://www.stps.gob.mx/bp/secciones/conoce/quienes_somos/quienes_somos/historia_stps.htm>

[7] Información recuperada el día 10 de febrero del 2015 del Periódico El Universal en su sitio web. http://www.eluniversal.com.mx/nacion/135767.html

[8] Información recuperada el día 10 de febrero del 2015 del Periódico El Universal en su sitio web. http://www.eluniversal.com.mx/primera/12888.html

El Secreto.

Hace muchos, muchos años, los hombres conocían el secreto que permitía que anhelos y sueños se hicieran realidad. Pero abusaron de él de tal manera que los sabios responsables de cuidarlo decidieron esconderlo en un lugar al cual sólo pudiera llegar quien verdaderamente lo mereciera. Pero ¿dónde ocultar el que probablemente era el tesoro de mayor valor para la humanidad? 

Uno de los miembros del consejo de sabios sugirió enterrarlo en lo más profundo de la tierra, pero sus compañeros objetaron que tarde o temprano alguien excavaría hasta los rincones más profundos del planeta para dar con él. 

Otro de los sabios propuso llevarlo hasta la más alta de las cumbres y enterrarlo allí, bajo la nieve eterna. Pero hubo quien objetó que llegaría el día en que muchos hombres y mujeres serían capaces de escalar la más alta de las cimas y descubrir el tesoro. El resto de sabios le dio la razón e inquietos siguieron discutiendo. 

Al cabo de un rato un tercero tomó la palabra y dijo que sin duda el mejor escondite era el más profundo de los abismos del mayor de los océanos. “Tampoco ése será un buen lugar. Algún día habrá seres humanos que aprenderán a navegar por los abismos del mar y, sin duda, lo hallarán”, replicaron todos. 

Desanimados y resignados, uno por uno, los miembros del consejo de sabios se miraron con expresión de honda tristeza ya que no había lugar en la tierra donde ocultar el secreto que convertía los sueños en realidad. 

Tras un largo silencio, el más anciano y discreto de todos tomó la palabra y casi en un susurro, dijo: “Hay un lugar, sólo un lugar, al que muy pocos será capaces de llegar para encontrar el tesoro”. 

La expectación fue máxima. Hubo entonces un revuelo; murmullos, exclamaciones y miradas de estupor se cruzaron entre el resto de miembros del consejo. “¡¿Cuál es ese lugar, maestro!?”, preguntó inquieto uno de los sabios al anciano. 

“El corazón… Lo ocultaremos en el corazón de cada hombre y cada mujer que viva en este hermoso planeta. Cada corazón deberá albergar este extraordinario tesoro, ya que muy pocos tendrán el coraje, la perseverancia, la fe, la humildad y la paciencia de mirar en su interior y desvelar el secreto. Sólo aquellos que sean capaces de descubrir que la mayor de las riquezas y el mayor de los poderes reside en su corazón deben ser dignos de acceder al tesoro”. 

Y así fue como en un pacto sagrado y a través de un encantamiento, hace ya miles de años, el secreto que convierte en realidades los anhelos del alma descansa en el corazón de cada uno de nosotros.