jueves, 4 de febrero de 2016

La [triste] realidad de los sindicatos en México. Arlen Fernanda Salazar Benavides



Introducción

Para abordar el tema de los sindicatos en México, primero se comentarán cinco conceptos que pudieran parecer similares pero que guardan singularidades que los diferencian: sociedad, reunión, asociación, coalición y asociación sindical. Posteriormente, se hará un mayor énfasis en este último concepto, mismo que será desarrollado con detalle.

Dice Mario De la Cueva (2008) que para comenzar a distinguir dichos conceptos se deben clasificar en los tres rubros en que se divide el Derecho: privado, público y social. En la primera rama encajaría la sociedad, en la segunda la reunión y asociación, mientras que la coalición y la asociación sindical constituyen parte del derecho social (pág. 234).

Dentro de la sociedad se incluyen las asociaciones civiles y mercantiles, de las cinco figuras mencionadas, es ésta la que se practica con mayor antigüedad.

La reunión, es un derecho reconocido como inherente a toda persona al consagrarse en el artículo noveno de la Carta Magna. De la Cueva (2008) lo define como “un agrupamiento momentáneo de personas, constituido para pensar conjuntamente o debatir ideas u opiniones o concertar la defensa de intereses” (pág. 235).

Establecido en el artículo constitucional ya comentado, la asociación es también un derecho fundamental del hombre con la limitante de ejercerse de manera pacífica y con un objeto lícito. De la Cueva (2008) define este concepto como la “unión permanente de personas, constituida para la realización de un fin, distinto al reparto de utilidades” porque si fuera este último el caso, se trataría de una institución de derecho privado (pág. 238).

Así, de las dos últimas figuras, antes clasificadas como pertenecientes al derecho público, se puede notar como principal diferencia la duración breve de la primera y permanente de la segunda.

En lo que se refiere a la coalición, encontramos su fundamento en el artículo 123 constitucional en su fracción décimo sexta, donde se reconoce el derecho a obreros y empresarios para coaligarse en defensa de sus intereses. La propia ley reglamentaria la define como el acuerdo temporal de un grupo de trabajadores o de patrones para la defensa de sus intereses comunes.

Finalmente, pero sin restarle importancia, la asociación sindical es una organización permanente que busca el estudio, defensa y mejoramiento de los intereses de los trabajadores o patrones (De la Cueva, 2008).

De tal forma que, señala De la Cueva (2008), “los derechos de reunión y asociación pertenecen a todos los seres humanos {mientras que}, los de coalición y asociación sindical son derechos de los trabajadores” (pág. 240).

Antecedentes y evolución legislativa

Centrándonos un poco en hechos históricos, dice Félix Tapia (2008) que los antecedentes de los sindicatos en México surgen con grupos de artesanos quienes se reunían para constituir fondos comunes, los cuales se formaban con aportaciones de cada uno de los integrantes del grupo y cuyo destino era brindar servicios de los que carecían; a mencionados grupos se les conocía como gremios (pág. 147).

Como ya se comentó con anterioridad, el artículo 123 constitucional en su apartado A fracción XVI reconoce el derecho de los trabajadores a coaligarse para defender sus intereses; y si bien la consagración de este derecho en la Constitución es de gran importancia, cabe también mencionar la evolución que ha tenido la legislación secundaria en lo que a este derecho se refiere.

Dice Félix Tapia (2008) que fue en 1931 cuando la Ley Federal del Trabajo instituyó el derecho de sindicalización al definirlo y señalar el objetivo de su constitución, así como regular su estructura y funcionamiento. Ahora bien, cabe destacar que la base para referida Ley remonta a 1915 cuando se contempló en la ley promulgada por Agustín Millán el derecho a la asociación profesional (pág. 148).

En el artículo 358 de la ley reglamentaria vigente se consagra el derecho a la libertad sindical al establecer que nadie puede ser obligado a pertenecer a un sindicato o a no formar parte de él.

Sindicatos de trabajadores y de patrones

Por otro lado, conforme a la definición que la propia Ley nos da, los sindicatos pueden constituirse tanto por trabajadores como por patrones.

En lo referente a los trabajadores, la ley reconoce cinco tipos de sindicatos de este grupo atendiendo a las características de los trabajadores que los integran. Así, son sindicatos gremiales, si se forman por trabajadores de una misma profesión, oficio o especialidad; de empresa, cuando los trabajadores prestan sus servicios en una misma compañía; industriales cuando, prestando sus servicios en varias empresas, éstas pertenecen a la misma rama industrial; nacionales de industria en los casos en que se cumplan las especificaciones de los sindicatos industriales agregando que las empresas se localizan en dos o más Estados; y finalmente, cuando los trabajadores se empleen en distintas profesiones, el sindicato se llamará de oficios varios.

En cuanto a los sindicatos de patrones, la ley identifica aquellos integrados por patrones de una o varias ramas de actividades a los que no les asigna un nombre en específico; y los nacionales, mismos que se forman por patrones de una o varias ramas en diferentes Estados.

En lo que respecta a los sindicatos de trabajadores, existe una particularidad en cuanto a los de confianza quienes, conforme a la ley, no pueden formar parte de los sindicatos de los demás trabajadores. Lo anterior debido a que, en principio, los intereses de los trabajadores de confianza no difieren de los del patrón.

Así pues el objetivo de los sindicatos, la razón por la que se crean, es la protección de los intereses ya sea de los trabajadores o de los patrones que se asocian de manera permanente. No obstante, en la realidad se satisfacen otro tipo de intereses.

La  [triste] realidad de los sindicatos en México

Se puede afirmar que lo que inició como una lucha por defender los derechos de los trabajadores, ahora se ha transformado en la búsqueda de poder y de beneficios personales de los líderes sindicales. Me refiero a los intereses monetarios y políticos que, al parecer, son elementos indispensables de toda actividad en nuestro país.

Dice Villafranco (2015) en su artículo “El (enorme) costo de los sindicatos” que entre 2007 y 2015, el Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana (STPRM) recibió del gasto público alrededor de 672 millones de pesos como apoyo económico al Comité Ejecutivo, desfiles, festejos y revisiones del contrato colectivo (párr. 1).

Carlos Romero Deschamps, quien fuera dirigente del STPRM hasta 2013, ha sido sujeto a 37 averiguaciones previas, tres órdenes de aprehensión y demandas colectivas (Gamboa, 2015).

Por otro lado, tenemos a un sindicato que se desvió de su objetivo principal debido a la ambición de su dirigente. Me refiero al Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación cuya líder, Elba Esther Gordillo, enfrentó desde 2013 un proceso en su contra que culminó con el auto de formal prisión por el delito de defraudación fiscal (González, 2014).

La detención de Elba Esther fue por malversación de 200 millones de dólares provenientes de las cuotas de los trabajadores. Gordillo fue acusada también por los delitos de delincuencia organizada y lavado de dinero, sin embargo, se le concedió amparo por la errónea fundamentación de la acusación (Arteaga, 2013).

Y como en México ejemplos de corrupción sobran, podemos mencionar también a quien fuera líder del Sindicato Nacional de Trabajadores Mineros, Metalúrgicos y Similares de la República Mexicana, Napoleón Gómez Urrutia, acusado de desviar 55 millones de dólares del fideicomiso de los mineros y lavado de dinero. Tanto él como el dirigente de la Confederación de Trabajadores de México, el anterior líder del Sindicato Mexicano de Electricistas, el del Sindicato de Trabajadores Ferrocarrileros de la República Mexicana y, probablemente, cualquier otro que venga a su mente, gustan de vivir en casas valuadas en millones de dólares, presumir lujosas joyas y manejar coches exclusivos (Gamboa, 2015).

Y resulta que los recursos económicos de los acaudalados dirigentes provienen de las cuotas que los patrones retienen de los trabajadores integrantes del Sindicato; reitero, perdiendo de vista por completo el destino que ese dinero debería tener.

Señala De Buen (2013) en su artículo “Corrupción sindical: un lugar común” otro ejemplo de corrupción que tiene lugar entre el dirigente del Sindicato y la Junta de Conciliación y Arbitraje, cuando se trata de sindicatos locales, este hecho de corrupción ocurre cuando el líder sindical firma un contrato colectivo de trabajo sin el conocimiento y, por ende, consentimiento de los trabajadores (párr. 3).

La falta de consideración hacia los trabajadores integrantes de los Sindicatos la hace notar también López (2013) al resaltar que si bien, hasta 2012, el 8% de la Población Económicamente Activa pertenecía a un Sindicato, muy pocas personas pertenecían a Sindicatos reales, y no se refiere a que no existieran o no estuvieren registrados ante la autoridad competente, sino que afirma que no se escucha la voz de los trabajadores al momento de tomar decisiones (párr. 4).

Otro ejemplo de la intervención de los intereses políticos en los grupos sindicales lo mencionan Bensunsán y Middlebrook (2013) al referirse a la Confederación de Trabajadores de México (CTM), fundada en 1936 como la organización obrera más grande del país, misma que a partir de 1950 se convirtió en beneficiaria de apoyos legales, económicos y políticos provenientes del Estado y un sinfín de tratos preferenciales que logró debido a sus alianzas con élites políticas a cambio del leal apoyo a los gobiernos posrevolucionarios convirtiéndose en un medio para ejercer control político (págs. 38-39). Estas relaciones Estado-Sindicatos, mencionan los citados autores, continuaron existiendo aun después de la alternancia del partido político al frente del Poder Ejecutivo.

¿México tiene los sindicatos que se merece?

Muchas veces hemos escuchado que cada pueblo tiene el gobierno que se merece, replanteo esta pregunta para ajustarla al caso concreto y cuestiono ¿serán estos los sindicatos y líderes sindicales que México merece?

Me llama la atención una frase del Secretario de Trabajo de la CTM, José Luis Carazo, quien dice “mucha gente quisiera ver en el sindicalismo gente que vivamos como obreros… pues no se da porque tampoco se da en el periodismo, tampoco en el gobierno, en las empresas” (Paullier, 2015). Hay muchas cosas que se podrían criticar en esta frase pero lo que más llama mi atención es el hecho de referirse a la forma de vida de los obreros como algo inferior e incluso despectivo.

¿A qué se referirá el secretario al decir “vivamos como obreros”? ¿A trabajar? ¿A cumplir con una jornada diaria? ¿A ser ejemplo de su familia? ¿A esforzarse para alimentarse? Seguro sí...

Y lamentablemente es por el mal desempeño y actos corruptos de unos que los sindicatos se han ganado una mala imagen. Pero eso no es lo peor, lo peor es que no se haga nada al respecto.

Tal vez los líderes sindicales no entienden del todo la definición que de sindicato da la Ley, al decir que éstos se constituyen para el estudio, mejoramiento y defensa de sus intereses. Tal vez se les debe aclarar que al decir “sus intereses” no se refiere a los propios, sino a los de todos los trabajadores.

Considero que el sindicalismo en México requiere, como en muchos otros ámbitos, de transparencia y rendición de cuentas, de combate a la corrupción y a la impunidad, de retomar el objetivo para el que se crearon y que se trabaje por y para el bienestar y la representación de los trabajadores.


Referencias     

Álef: libera el conocimiento. (2015). Los demonios del sindicalismo mexicano. Obtenido de Álef http://alef.mx/los-demonios-del-sindicalismo-mexicano/
Arteaga, J. (2013). Presentan nueva acusación contra Elba Esther Gordillo. Obtenido de Forbes http://www.forbes.com.mx/presentan-nueva-acusacion-contra-elba-esther-gordillo/
Bensusán, G. y Middlebrook, K. (2013). Sindicatos y política en México: cambios, continuidades y contradicciones. Obtenido de http://biblioteca.clacso.edu.ar/clacso/coediciones/20130708125012/SindicatosypoliticaenMexico.pdf
De Buen, N. (2013). Corrupción sindical: un lugar común. Obtenido de La Jornada http://www.jornada.unam.mx/2013/09/29/opinion/017a2pol
De Buen, N. (2008). Derecho del Trabajo. México: Porrúa.
De la Cueva, M. (2008). El nuevo Derecho mexicano del Trabajo. México: Porrúa.
Félix, R. (2008). Relaciones Laborales. México: Flores Editor y Distribuidor.
González, I. (2014). Tribunal confirma la formal prisión contra Elba Esther Gordillo. Obtenido de Excelsior http://www.excelsior.com.mx/nacional/2014/01/07/937004
López, G. (2009). El poder del sindicalismo en México. Obtenido de CNN Expansión http://www.cnnexpansion.com/opinion/2009/10/14/el-poder-del-sindicalismo-en-mexico
Paullier, J. (2015). El excesivo y controversial lujo del sindicalismo en México. Obtenido de BBC http://www.bbc.com/mundo/noticias/2015/04/150424_mexico_sindicatos_poder_lujo_jp
Villafranco, G. (2015). El (enorme) costo de los sindicatos en México. Obtenido de Forbes http://www.forbes.com.mx/el-enorme-costo-de-los-sindicatos-en-mexico/

miércoles, 14 de octubre de 2015

El seminarista de los ojos negros. Miguel Ramos Carrión



EL SEMINARISTA DE LOS OJOS NEGROS

Desde la ventana de un casucho viejo
abierta en verano, cerrada en invierno
por vidrios verdosos y plomos espesos,
una salmantina de rubio cabello
y ojos que parecen pedazos de cielo,
mientas la costura mezcla con el rezo,
ve todas las tardes pasar en silencio
los seminaristas que van de paseo.

Baja la cabeza, sin erguir el cuerpo,
marchan en dos filas pausados y austeros,
sin más nota alegre sobre el traje negro
que la beca roja que ciñe su cuello,
y que por la espalda casi roza el suelo.

Un seminarista, entre todos ellos,
marcha siempre erguido, con aire resuelto.
La negra sotana dibuja su cuerpo
gallardo y airoso, flexible y esbelto.
Él, solo a hurtadillas y con el recelo
de que sus miradas observen los clérigos,
desde que en la calle vislumbra a lo lejos
a la salmantina de rubio cabello
la mira muy fijo, con mirar intenso.

Y siempre que pasa le deja el recuerdo
de aquella mirada de sus ojos negros.
Monótono y tardo va pasando el tiempo
y muere el estío y el otoño luego,
y vienen las tardes plomizas de invierno.

Desde la ventana del casucho viejo
siempre sola y triste; rezando y cosiendo
una salmantina de rubio cabello
ve todas las tardes pasar en silencio
los seminaristas que van de paseo.

Pero no ve a todos: ve solo a uno de ellos,
su seminarista de los ojos negros;
cada vez que pasa gallardo y esbelto,
observa la niña que pide aquel cuerpo
marciales arreos.

Cuando en ella fija sus ojos abiertos
con vivas y audaces miradas de fuego,
parece decirla:  —¡Te quiero!, ¡te quiero!,
¡Yo no he de ser cura, yo no puedo serlo!
¡Si yo no soy tuyo, me muero, me muero!
A la niña entonces se le oprime el pecho,
la labor suspende y olvida los rezos,
y ya vive sólo en su pensamiento
el seminarista de los ojos negros.

En una lluviosa mañana de inverno
la niña que alegre saltaba del lecho,
oyó tristes cánticos y fúnebres rezos;
por la angosta calle pasaba un entierro.

Un seminarista sin duda era el muerto;
pues, cuatro, llevaban en hombros el féretro,
con la beca roja por cima cubierto,
y sobre la beca, el bonete negro.

Con sus voces roncas cantaban los clérigos
los seminaristas iban en silencio
siempre en dos filas hacia el cementerio
como por las tardes al ir de paseo.

La niña angustiada miraba el cortejo
los conoce a todos a fuerza de verlos...
tan sólo, tan sólo faltaba entre ellos...
el seminarista de los ojos negros.

Corriendo los años, pasó mucho tiempo...
y allá en la ventana del casucho viejo,
una pobre anciana de blancos cabellos,
con la tez rugosa y encorvado el cuerpo,
mientras la costura mezcla con el rezo,
ve todas las tardes pasar en silencio
los seminaristas que van de paseo.

La labor suspende, los mira, y al verlos
sus ojos azules ya tristes y muertos
vierten silenciosas lágrimas de hielo.
Sola, vieja y triste, aún guarda el recuerdo
del seminarista de los ojos negros...

Miguel Ramos Carrión