viernes, 26 de agosto de 2011

Neoliberalismo: peligro para el trabajador mexicano. Miguel Ibrahím Martínez Reyes


 

México es un país en el cual existen muchos trabajadores, mucha clase obrera. Es por esto que es importante hacer notar cómo el modelo económico actual del país, en vez de beneficiar a todos estos trabajadores, en realidad los está perjudicando.

A lo largo de la historia el sistema capitalista ha tomado bajo su manto a las naciones del planeta, su objetivo es claro: que las distintas formas de vivir de las comunidades alrededor del mundo se unifiquen económica y políticamente para de esta manera facilitar la generación capital. Lo anterior suena un tanto utópico e ideal, qué grandioso sería que todos se rigieran bajo un mismo modelo económico. Pero existe el otro lado de la moneda, el sistema capitalista se centra en la generación de capital, ese es su fin último. Pensar sólo en el dinero como objetivo máximo lleva a la avaricia, una de las características más lamentables de nuestra especie. El capitalismo sólo favorece a una pequeña minoría (a aquellos que controlan el capital), las riquezas son distribuidas entre unos pocos.

Son estos pocos a los que podemos considerar como avaros, aquellos hombres sedientos de poder, que hacen con el mundo lo que les place, sin tomar en cuenta todos los desastres que causan alrededor del globo: guerras, pobreza, agotamiento de recursos no renovables, crisis económicas, por mencionar algunos.

El capitalismo como modelo económico e ideológico promueve la desigualdad social, permite la formación de clases sociales. La clase social que se considera como base de la pirámide del sistema capitalista es precisamente la clase obrera o trabajadora, personas con menos recursos. En México, muchas de esas personas con recursos limitados, viven en pobreza extrema, las brechas entre la clase alta, la clase media y la clase obrera son exponencialmente amplias.

El neoliberalismo como corriente ideológica del capitalismo propone un conjunto de posturas y estrategias para consolidar más aun el sistema y favorecer el posicionamiento del capital en los mercados internacionales, entre estas se encuentra la minimización del estado como principal actor en la conducción del desarrollo en sus regiones, obligando a los países a organizar el conjunto social, de acuerdo a los intereses de los actores económicos que actúan a escala internacional (Añez, 2004).

Uno de los objetivos del neoliberalismo es convertir al Estado en un actor pasivo en cuanto a la intervención de este en la economía. Un segundo objetivo del neoliberalismo es crear libertades para todos aquellos agentes económicos que producen capital. Un tercer objetivo de esta corriente es eliminar las barreras arancelarias para la creación de un mercado libre.

Lo anterior plantea el siguiente escenario para México: que organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial nos impongan normas y regulaciones que no son de provecho para los trabajadores, atentan contra sus derechos.  Los empresarios aprovechan esta presión internacional que aboga por ellos y reducen costos gracias al cabildeo y al alto nivel de corrupción que existe en la burocracia mexicana.

Por ejemplo, tras las elecciones del 2000, cuando el pueblo mexicano se encontraba en uno de los momentos en donde se ha registrado mayor participación ciudadana, eligiéndose a un partido de oposición, el presidente electo Vicente Fox Quesada, emitió una reforma de la ley  laboral con el propósito de eliminar aquellas victorias alcanzadas por los trabajadores mexicanos, tales como la estabilidad laboral, la antigüedad, la jornada y salario por hora, entre otras. Esto implica problemas para la clase trabajadora que quedan a costas de las exigencias de los empresarios.

Las políticas de ajuste neoliberal golpearon a todos los sectores populares, resultaron más vulnerables aquellos que dependían del estado como principal empleador y proveedor de bienes y servicios; la clase obrera y los sectores medios fueron separados en masa de sus puestos de trabajo y vieron reducido drásticamente sus ingresos y medios de vida. Los sindicatos y organizaciones representativas de sus intereses perdieron su capacidad de negociación frente al Estado en la medida en que sus agremiados iban disminuyendo en número. (Escárzaga, 2004).

En México el sistema neoliberal lleva operando alrededor de 2 décadas y media, desde el gobierno de Miguel de la Madrid hasta el actual gobierno del presidente Felipe Calderón, desde 1983 a los mexicanos se nos impuso este  nuevo modelo ideológico que parecía ser adecuado para esta nueva era globalizada.

Se nos exigieron desde las sedes de poder mundial antes mencionadas, nuevas formas de desarrollo económico que beneficiarían a los procesos mundiales y de esta manera abrir las fronteras de México hacia el mercado global.

Se comprometió la imposición de un particular tipo de democracia y en lo social se obligó al irrestricto respeto a los derechos humanos, constitucionalmente estipulados en el apartado de Garantías Individuales (Méndez, 2009)

 ¿Cómo aumentar la competitividad mexicana? Esta es una pregunta que se hizo el Banco Mundial, lo que resultó en una serie de propuestas al gobierno de México:

La eliminación del sistema actual de pagos por despido, negociación colectiva y contratos obligatorios para la industria (contratos-ley); el ingreso obligatorio a sindicatos (cláusula de exclusión); la repartición obligatoria de utilidades; las restricciones a los contratos temporales, de plazo fijo y de aprendizaje; los requisitos de promociones basados en antigüedad; el registro de programas de capacitación proporcionados por las empresas; y las obligaciones de los empleados de subcontratistas (patrón indirecto). Al igual que con el salario mínimo (actualmente bajo los niveles de equilibrio de mercado) (Valle, 2002).

Todas estas propuestas hechas por el Banco Mundial plantean que el costo del problema es asumido por los trabajadores mexicanos en forma de salarios más bajos y oportunidades de empleo limitado, a cambio de beneficios que no son evidentes.

Como ya se ha mencionado, el neoliberalismo ha generado niveles de pobreza y desigualdad social en el mundo y en particular en América latina, que es hoy la región más desigual del mundo en desarrollo.

Los organismos internacionales, como el Banco Mundial, han diseñado políticas sociales que buscan atenuar los efectos de las políticas financieras que las instituciones internacionales impusieron a los gobiernos; tales políticas están orientadas a combatir la pobreza y la pobreza extrema. Proporcionando ayuda y acceso al bienestar a los sectores más vulnerables del espectro entre los que se encuentran campesinos e indígenas, mientras que despojan a los trabajadores urbanos y los sectores medios del bienestar previamente alcanzado (Escárzaga, 2004).

A pesar de estos esfuerzos, las acciones han sido insuficientes, la capacidad de estas políticas para reducir los niveles de desigualdad han sido tan limitadas que parecen estar más concentrados en evitar que estos grupos se concentren y organicen en contra de ellos que a generar cambios significativos en la distribución de las utilidades producidas.

En México surgió el movimiento neo zapatista, el cual lucha en contra del régimen de los foros mundiales de comercio. También conocido como EZLN (Ejército Zapatista de Liberación Nacional) liderado por el subcomandante Marcos, es uno de los movimientos más audaces en este país en contra del neoliberalismo y la globalización.

Lo que pretenden las elites que conducen el proyecto neoliberal es que el resto de la población actué bajo esa racionalidad que no permite a la sociedad ejercer su capacidad de elección haciéndolos creer que ese proyecto es la única alternativa, que es la realidad única e inmutable  (Mercado, 2009)

México es un país pluricultural, con gran diversidad de pueblos indígenas. Alrededor de una cuarta parte de estos pueblos se encuentran ubicados en el estado de Chiapas, estado en el que se originó el movimiento del EZLN. Las demandas indígenas, que por derivación son demandas del EZLN, son originadas porque la división política de México, el estatalismo implementado por el gobierno federal, rompió con la división tradicional indígena, lo cual contribuyó a la fragmentación de los ejes indígenas.

El modelo neoliberal fomenta el individualismo y la libre competencia, las dos atentan contra las formas de organización que tienen los indígenas mexicanos. El EZLN surgió como consecuencia de la modificación de las condiciones de vida del pueblo mexicano, también es consecuencia de la apretura comercial que llevó a la firma del Tratado de Libre Comercio. El EZLN no solo hace reclamos de carácter indígena, sino que también reclamos relacionados con el descontento social ante el sistema político actual.

En conclusión, el modelo neoliberal ha traído consigo graves consecuencias para el pueblo mexicano, como por ejemplo la privatización como una política de estado, crisis económicas como consecuencia de la inflación, desempleo, entre otros.

            Los gobernantes mexicanos han manifestado una marcada inhabilidad para diseñar un proyecto nacional que le dé a México las herramientas necesarias para enfrentar los nuevos retos globales.

La democracia se ha convertido en el principal obstáculo para la estabilidad política del país, es el elemento más importante de disolución social y doctrinario promotor de políticas económicas, que a lo largo de más de veinte años, ha mostrado su fracaso: estancamiento y un descomunal incremento de la pobreza extrema (Méndez, 2009).

No es de sorprender que gracias a esta ineptitud de nuestros gobernantes hayan hecho que la participación ciudadana, en la fabricación de procesos democráticos en México, esté muy por debajo de lo que en realidad debería estar ya que la comunidad en general evita inmiscuirse en proyectos políticos.

 La costumbre ha hecho que los ciudadanos, aparte de que dejen de creer en la “democracia”, no estén interesados en el tema; la gente no quiere participar porque piensa que aún y cuando lo hagan no habrá diferencia.

México es un estado fallido, paternalista, sustentado por el corporativismo, disfrazado de democracia. El desembolso de dinero por parte del estado mexicano es implacable y escandaloso, los sindicatos son verticales (creados o controlados por los empleadores, responden a sus intereses por encima de los de los trabajadores), en donde las regulaciones de las relaciones laborales son controladas por el Estado, el cual a su vez es controlado por los empresarios.

El pueblo mexicano debido a su gran capacidad de resiliencia se encuentra en un estado de desesperanza aprendida, incapacitado para ejercer su ciudadanía.  Ideas como “el que no tranza no avanza” o “el que agandalla no batalla”, tristemente ocupan un lugar en el tejido social de este país. Si eres ciudadano de este país, más vale que tengas dinero, de lo contrario eres un don nadie, sin voz ni voto.



Referencias

Añez, C. (2004). El estado del bienestar social y el neoliberalismo ante los derechos laborales. Revista de ciencias sociales. 70-82. 001
Escárzaga, F. (2004). La emergencia indígena contra el neoliberalismo. Publicaciones y revistas sociales y humanísticas. 101-121. otoño 2004.
Méndez, L. (2009). Neoliberalismo y derechización en México (1983-2008). El Cotidiano. 5-15. 149.
Mercado, A. (2009). El sistema político y movimientos indígenas: el caso del EZLN. Revista critica de ciencias sociales y jurídicas. 23 (2009.3)
Valle, A. (2002). Problemas de empleo en América Latina. Publicaciones y revistas sociales y humanísticas. 99-116. primavera 2002.



No hay comentarios:

Publicar un comentario